La Vida Es Un Ramito De Violetas

A Bonnie Lass

Junio 12, 2008 · 20 comentarios

Alguna vez me pregunté por qué escribo acá; pero como no me gusta mucho contestar preguntas, sobre todo las mías, me contesté lo primero que se me ocurrió (y que, según varios, lo primero que a uno se le ocurre es la verdad): Escribo acá lo que no quiero olvidar.

Pero con la inglesita no hace falta, porque nunca me voy a olvidar de ella, ni del sábado a la tarde en que la conocí, por más que me tomara todo el whisky de la ciudad. Bueno, ese sábado a la tarde la vi por primera vez en persona, pero yo ya me había enamorado de ella antes, cuando el rubio (que era entonces su dueño) me mostró su foto. Era hermosa, y todavía lo es, pero lo que me enamoró era saber, aún desde la foto, que ella me estaba buscando.

No voy a hablar ahora del acuerdo que hice con el rubio, pero que no se malentienda: allí no hubo una compra, como se podría suponer. La inglesita era mía de antes, el caracol destino ya le había dicho que era mía y ella lo sabía. Lo sabía y lo deseaba, todavía desea ser mía y lo es.

Ese sábado a la tarde el rubio me la trajo y después se fue solo. Lo que le di al rubio fue una compensación, una cosita insignificante que no se puede llamar precio proque la inglesita no lo tiene, no hay número que alcance, entiéndase bien: la inglesita es de quien ella quiere y ahora me quiere a mi. Ella se quedó unos días en Buenos Aires (con el rubio habíamos acordado encontrarnos en terreno neutral) y después se vino al sur con un camionero amigo. Cuando la recibí tenía frío, pero nos abrazamos enseguida y para cuando llegamos a casa ya se le había pasado.

Aun hoy la miro y me parece increíble, me parece como el primer día que la vi, ese sábado a la tarde del que no necesito escribir nada, proque no me voy a olvidar nunca.

 

La Inglesita

 

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Refraied: La Conspiración de los Japoneses

Mayo 26, 2008 · 19 comentarios

No es ningún secreto que los japoneses son todos iguales; basta ver cualquier película en donde hayan unos cuantos japoneses para verificar este fenómeno. Esta imposibilidad de distinguir un hijo del Imperio Celeste del otro nos lleva a miles de situaciones complicadas que bien pueden ser graciosas o no: cuántas veces le hemos entregado una docena de empanadas a Tetsuro Yamagata cuando en realidad habian sido pagadas por Hizuru Takachiho!
Los japoneses que han tenido la enorme amabilidad y paciencia de responderme este cuestionamiento me han dicho que para ellos es al revés: entre ellos se distinguen perfectamente y nos ven a nosotros, los occidentales, todos iguales. ¿Cómo puede ser? - me pregunté asombrado – si hasta un ciego nota inmediatamente que yo soy mucho mejor parecido que el Licenciado Saad! Por supuesto, no di crédito a esta cruel falacia y me dediqué a investigar minuciosamente este fenómeno.
Las instituciones científicas a las que acudí en busca de recursos (monetarios, humanos, de equipamiento e información) no sólo se negaron a prestarme ayuda si no que además, me retiraron de sus instalaciones con ayuda de la fuerza pública y un par de patadones en el culo.
El destino de los visionarios trae consigo duras pruebas, la primera de ellas es el descreimiento de la plebe en general y luego la soledad de la cima… pero sucede que a veces una mente inquisitiva es también como un magneto que atrae a otras mentes semejantes, y así es como Carlos Mario Pietrafezza (que es martillero público) y yo nos reunimos en el bar La Tosca a meditar sobre el asunto y desenmascarar la Conspiración de los Japoneses, sin más herramientas que nuestro poder de deducción, cerveza negra con aceitunas adobadas y toda la tarde, que es el regalo de los empleos públicos.
He demorado el resultado de nuestras investigaciones a propósito; lo que hemos descubierto bajo la falsa máscara de la intriga nipona no es fácil de digerir.
Y he aquí que no solamente nos mienten los japoneses al decir que nos ven a todos iguales, si no que su engaño va aún mas profundo: también nos mienten cuando dicen que se distinguen entre ellos.
Esta es la cruda verdad, los japoneses tampoco notan diferencias entre los suyos y no saben quién es quién. Tomando ventaja de la situación, cambian todos los días de trabajo y es así como el buen doctor Fuku Usagi hoy extirpa un apéndice y mañana sirve fideos en el Minna Oichikata, sin que nadie note la diferencia; llevando la situación un poco más allá, luego del trabajo cada uno regresa a la casa que se le antoja, confiando en que la esposa no verá diferencia entre el marido de hoy o el de ayer. Las amantes mujeres, herederas de la deliciosa tradición Geisha, tampoco se quedan atrás. Su aparente pasividad es engañosa y se han confabulado también: cada día la mujer japonesa cambia de casa y recibe con la cena a un cansado y variado marido.

Entre tantos cambios y sin la posibilidad de distinguirse, la confusión es tan cotidiana y enorme que ha dejado de ser un problema. El mismo destino que ha permitido que Daigoro Tachibana olvidara un día su propio nombre, ha reunido a una pareja que había sido feliz en una noche de varios veranos atrás y un aroma les ha hecho preguntarse si no serían hoy los mismos amantes.
Todo se resuelve en un caos perfectamente orquestado.Los japoneses viven todas las vidas posibles, y es ahí donde reside el secreto de su eterna sonrisa.

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Este texto fue previamente publicado en los primeros tiempos del Ramito, pero no tuvo mucho eco; principalmente porue en esa época yo notenía esta fortuna que son ustedes, los que vienen a leerme de vez en cuando.  Como se trata de un texto que -sin vanidades- me gusta mucho, se me ocurrió acercárselos de nuevo.

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Dos Cuentos Chinos

Mayo 17, 2008 · 18 comentarios

La China Más Linda, Che

Durante la dinastía Xia el pintor Lian Chie pintaba en las alas de las mariposas el retrato de su bellísima hermana, Wan Li, y así dejaba que las mariposas llevaran el rostro de su hermana a todo el imperio. Una tarde, el emperador cazó una de las mariposas, vio el rostro de Wan Li e inmediatamente se enamoró de ella. Ordenó a sus ejércitos que recorrieran las provincias en busca de la joven dueña de aquel rostro.

Pero no era tan fácil: Wan Li no aparecía y la paciencia del emperador iba disminuyendo. Para evitar su ira, los oficiales llevaban jóvenes que acaso se parecían a Wan Li, pero esto enojaba aún más al emperador, pues no hay nada más enojoso que una mujer que apenas se parece a la que uno ama. Al poco tiempo comenzaron las ejecuciones de los oficiales ineficaces y de las jovencitas que no eran Wan Li. Pasaron los años, el emperador pensó que los sueños no se cumplen, aún cuando se trata de los sueños del emperador.

Basado en esta afirmación, el emperador empezó a desear que las jóvenes que se le seguían presentando no fueran Wan Li, porque había envejecido y se complacía más en tener razón que en ser dichoso. Una tarde, uno de sus oficiales trajo al pintor Lian Chie y a su hermana Wan Li. El emperador los creyó unos farsantes y ordenó su inmediata ejecución.

Muchos años después el emperador fingió creer en la autenticidad de una jovencita que ni siquiera había nacido cuando había cazado la mariposa. Se casó con ella y dictó un bando oficial diciendo que los sueños finalmente se cumplen.

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¿Y Tu Hermana?

Mayo 7, 2008 · 32 comentarios

Mis perras hermanas

¿A quién se le ocurrió la estúpida ley según la cual a uno no puede gustarle la hermana de un amigo, o la novia?

Con el caso de las hermanas tengo particular encono por una cuestión de existencia: si don Alberto no se hubiera fijado en la hermana de su mejor amigo Roberto, éste que escribe no hubiera nacido. Estoy hablando de Alberto Nievas, mi abuelo; Su mejor amigo, Roberto Cayado es mi tío Roberto, el hermano de mi abuela.

Y con las novias lo mismo, che. Macho, si vos estás seguro de ser digno de la mina que tenés al lado, entonces tus amigos no deben ser una preocupación; y si tu novia se va con alguno de tus amigos, es - y prestame especial atención - porque ella quiere. Si tenés las gónadas bien puestas vas a felicitar a tu amigo, por ser mejor que vos. 

(Este segundo caso se lo grito al espejo)

 

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En este corto e intenso texto a Nievas le tiembla la letra y hay marcas de gotas amarillentas. Güisqui, a lo mejor.

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Tres

Abril 15, 2008 · 24 comentarios

Somos una especie sumatoria de dos fantasmas: aquella persona que aspiramos ser y que nos precede, y el recuerdo imperfecto de quienes fuimos ayer, que, claro, va caminando detrás. Ambos nos enseñan, nos corrigen, nos tiranizan y nos estimulan. Nadie puede no tenerlos, todos somos esos dos y un tercero: el que será negro, callado, serio y eterno.

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Baba de Pescado

Abril 1, 2008 · 17 comentarios

No es ningún secreto que reconocer conductas, actitudes y habilidades propias en los hijos es, quizás, el más grande y mejor motivo de orgullo que uno pueda llegar a tener. Encima, es una tranquilizadora señal de que uno está haciendo las cosas bien.

Nadie se niega ese orgullo; la mayoría disfruta de este hecho en silencio, o en el ámbito de su casa, en el entorno inmediato. Pero este pescáu es cirquero y tiene un blog: no dejará pasar la oportunidad de ilustrar rimbombantemente lo que quiere decir.

El menor de los pescaditos, Martiniano, se ofrece valerosamente y se apresta a recibir el entrenamiento Jedi, a pesar de su juventud.

La difãil selección de padawans

Darth Vader amenaza y desafía a los recién graduados Jedis… uno a uno van cayendo bajo su sable láser rojo, pero el pequeño Padawan Martiniano recuerda muy bien su entrenamiento y su corazón es noble… con una oportuna y muy hábil estocada, corta el brazo del malvado Vader, venciéndolo y devolviendo así la paz a la Galaxia

Darth Vader, sos un gil…

. 

Su hermano mayor, Guillermo, quizás respondiendo a un llamado más cercano a su condición de pescadito, es surfer. Sentado en la playa y muy cerca de su tabla espera y estudia pacientemente el mar: él sabe que la ola que está destinado a domar llegará pronto…

Ya llegará mi ola…

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El llamado es respondido. Como un cazador sobre su presa, el surfer Guillermo salta sobre su ola, la que el mar le había prometido. La pelea es dura pero termina dominándola. El regreso a la playa es glorioso: es el momento de disfrutar del cansancio, de la sal en los labios y de la admiración de las bellas mujeres…

  

Ya llegará mi ola…
.

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Las Vueltas del Caracol Destino

Marzo 13, 2008 · 22 comentarios

Primero tengo que pedir perdón y contar la verdad: había extraviado la libreta de Lautaro Nievas, y hoy, buscando unas medias, la encontré. Asi que aqui seguimos, con el que creo que es el capítulo siguiente. Enjoy.

Carta pausté

Simetría, karma, eterno retorno, espejo, como sea que ha sido llamado, el hecho es que la vida es un sistema de compensación continua. Las compensaciones más comunes son las más leves y las que nunca notamos; a las grandes y escasas les llamamos coincidencias o pagar en vida los pecados. La vida tiende al equilibrio, siempre: por cada pozo habrá una loma, y así. Todo este discurso es para justificar la aparición en mi vida de Mariana.

Mariana era rubia, alta, esbelta y muy bella. También era, al conocerla, la novia de un amigo.
Para que no se crea que lo digo por resentimiento, voy a ilustrar con un corto episodio el por qué mi amigo no merecía tener de novia a una mujer como Mariana: El día en que la conocí, la acompañamos a tomarse un colectivo; cuando ella subia la escalinata, mi amigo me codeó y la señaló diciéndome con orgullo de gorila: “mirá que culo tiene, eh“.
Y si bien es cierto que Mariana coronaba sus piernas interminables con un culo maravilloso, no es de hombres andar haciéndolo notar, menos para lustrar chapa.

A la tercer o cuarta salida - pobres - mi amigo y mi novia se aburrían de vernos a Mariana y a mi charlando interminablemente, mágicas noches, de un recién descubierto Cortázar. Con Mariana tuve por primera vez la noción de que la cultura, especialmente la literatura, era un excelente medio para llegar al corazón de las mejores mujeres, y fue ella (pobre afortunada) mi primer musa y la primera en recibir mis peores versos y quizás los más conmovedores. Pero con Mariana nuestro amor no salía de los papeles; yo en esa época era áun más tímido que ahora y, aunque sensible, no tenía el atractivo que las chicas buscan a esa edad.

Nuestro amor de papeles duró muchos años; yo me había ido a otras ciudades, pero agotamos el Correo Argentino. Alguna vez, con fiebre, yo le había escrito:
“(…) es un despropósito que un papelito rectangular blanco amarillo azul me venga a llenar de alegrías una tristeza tan espesa y tan bien planeada, tan pesada como la sombra del primer lunes, con la noticia de que en el correo había una carta tuya.
Así no se puede ser un tipo razonablemente lluvioso, no puede uno maquillarse de pálido y demacrado como con un semblante de muerto y solo, como debería cualquier poeta tener, si se me llena el living de caracoles y margaritas del correo argentino.”

Casi como si su misión hubiera terminado, Mariana dejó de escribirme.

Una mañana, diez años después, llegó una carta de Mariana, la única que yo había esperado: en ella me decía que no había podido olvidarme, que ahora, habiendo dejado atrás la euforia de la primer juventud, se daba cuenta de cuánto me amaba. Tal como en los sueños que yo había tenido, me pedía que la fuera a buscar, que estaba esperándome. Esto ocurrió hace casi quince años, y a veces me pregunto si todavía me estará esperando.

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Aunque en un primer vistazo pareciera que Mariana era un poco histérica, a mi me parece más que el indeciso es el propio Lautaro Nievas. En principio usa su timidez para justificar la falta de un avance, pero no deja de autosatisfacerse con su incipiente cultura literaria (claro que si: Cortázar, nada menos). Luego, con la protección de la distancia, no deja de tener contacto y finalmente, después de la ausencia de Mariana (que se habría cansado), la carta soñada donde ella le ofrece, vencida, el amor que Nievas dice que le han negado. Verdaderamente me pregunto si esa última carta existió.

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Book Antiqua

Marzo 6, 2008 · 7 comentarios

Menos mal que escondà las botellas 

miente quien diga que en tres valijas
puedo meter todo lo que tengo
cómo si en una noche no cabe
la cama la tormenta sábana
dónde entonces guardo la fábula
la caricia quimera la sombra de náilon
si apenas puedo contenerme
en vos ángel de ojos piel eterna

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La Conspiración de las Gordas

Febrero 27, 2008 · 15 comentarios

gorditadetapa1.jpg 

Los amigos se juntan a cenar en lo de Tincho porque tiene un departamento - muy bien puesto - en pleno centro y de ahi a los bares hay poquitas cuadras. Son cinco, están todos separados o solteros, y andan por mitad de los treintas. La charla varía de un tema a otro pero siempre rozando las mujeres, hasta que se comenta lo feo que sería garcharse una gorda, supuesto que, en un extraño brote de consciencia, se debate enseguida: no con el argumento contrario, si no conque estamos opinando al pedo o desde la botella, ya que nadie de los presentes se garchó jamás a una gorda, o al menos no lo confiesa. Decididamente agnósticos, los amigos de Tincho (y Tincho mismo) concluyen entonces que cojer con una gorda es un misterio… que suponemos feo, pero del que somos ignorantes. Como buenos empiristas, Tincho y sus amigos establecen que el paso lógico siguiente es cojerse una gorda, proyecto que todos aplauden pero ninguno encara en calidad de explorador. Finalmente acordaron dejar en manos del destino la elección del sujeto, y arbitraron que el primero en cumplir e objetivo debería inmediatamente organizar una cena como ésta para comunicar los resultados.

No pasó mucho tiempo antes de que Tincho cantara pri, aunque venía de mala racha con las minas; o a lo mejor justamente por eso. Tal lo acordado, el viernes siguiente y tallarines con pollo de por medio (con un tinto ma-ra-vi-llo-so y casero que uno de los amigos de Tincho había conseguido de vaya uno a saber dónde), se reunieron para escuchar el reporte. Un lástima, porque Tincho se limitó a una frase: “No hay nada de feo, en absoluto, en tener sexo con una chica gordita“.

A pesar de los ruegos y las amenazas, Tincho no dijo nada más. Dice que desde ese dia le cambió la racha, eso si. Los amigos hablan de que no se acuerdan bien, pero seguro que fue el mismo Tincho quien había iniciado, aquella noche, el dilema.

gorda-roja2.jpg

El bar arde de gente y de calor, y todos se devoran: escotes, ojos, jeans apretados, minis, corpiños de biquini, más ojos. En la punta de la barra la gorda está quietita; se fuma un pucho, se toma un cuba libre, se repinta la trompita y así se queda. Las chicas zangolotean el escote a ver si se ve el Caro Cuore, bailan, le roban cigarrillos al rubiecito que se parece al guacho de Lost. La noche ya va por la mitad y la gorda sigue clavada en la punta de la barra, che… seguro que la plantaron, pobre. Las chicas bailan con unos brasileros (negritos ¡pero tan lindos!), sacuden el orto pero los pibes se zarpan mal con la cerveza. Ya casi a las seis las chicas se cansan y enfilan para la puerta, cansadas y solas.

¿Y la gorda? La gorda está enroscada en un sillón con el guachito de Lost. Sin escote, sin risitas, sin sacudir el culo, sólo a base de paciencia, después de las cinco vienen cayendo solitos, como buscando el envido.

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Berta es pintora, pero en serio: cinco años en Paris. A lo mejor es de ahí que trajo la costumbre de instalarse todos los viernes a la noche en la barra del bar a beber y a mirar como descose blues  su banda preferida. Berta tiene una charla florida, se rie mucho y pesa noventa quilos de amor. Después de las cinco, los que todavía quedan se le acercan y le charlan, ella los deja enroscarse solos hasta que se enamoran. Berta entonces lleva su nuevo novio a su casa para que vea los cuadros que ella pinta y una vez ahi, mamma mia, agarrate porque vamos a galopar. El muchacho que, tarde y vencido, se le arrimó a la gorda con la esperanza de cojer se encuentra con mucho más que eso: Berta los secuestra hasta el domingo a la noche y los obliga a satisfacer plenamente toda su enorme ansiedad de amor durante todo el fin de semana. Las leyendas urbanas hablan de arriesgados intentos de fuga, de amenazas con un palo, de sogas…  pero a fin de cuentas nadie se ha quejado formalmente y Berta sigue estando en el bar todos los viernes a la noche, muerta de risa.

 Actualización del 6 de Marzo

Hace un par de noches fuimos con unos amigos a una parrilla en Lanús ; imaginene ustedes una mesa de muchachos buen mozos, discutiendo filosofía con nuestras pipas humeando y revoleando valores morales, cuando se nos viene la mesera (gorda y hermosa) con la parrillada criolla crujiendo a más no poder y posándola en la mesa nos larga: “Guarda que yo voy al medio“.

Todos nos quedamos mudos; yo me enamoré en ese mismo instante; nuestro guia espiritual, en cambio, con la pipa colgando del borde de la boca y rodeado de un aura de calma heróica, le contesta, para ejemplo de todos nosotros: “Mirá vos“.

Gordas mágicas y argentinas, no nos falten nunca.

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Caravaggio: El Tránsito de la Virgen

Enero 14, 2008 · 23 comentarios

Ahi está la pobrecita Helena: ahogada. 

Se dice que la Virgen María murió mientras dormía porque Dios, en su infinita piedad, quiso evitarle la angustia de la agonía. A este paso suave entre el sueño y la muerte se lo conoce como el Tránsito de la Virgen, y fue tema de expresión de muchísimos pintores, entre ellos el atorrante del Caravaggio.

Michelangelo Merisi (tal su verdadero nombre) era conocido por pendenciero y muy malhumorado pero también por un realismo muy inquietante en sus cuadros, especialmente los religiosos: santos con cara de malandras, vírgenes con escote y ángeles que más parecían reos. Anibal Caracci, un pintor contemporáneo (y seguramente admirador) decía que el Caravaggio maceraba carne más que mezclar colores. Por ejemplo: para pintar la resurrección de Lázaro, el Caravaggio buscó un cadáver de cuatro días para usarlo como modelo.

El Caravaggio se había enamorado mucho de una mina que se llamaba Helena, por la que disputaba con un tal Mariano Pasqualone, un escribano con plata (pero era viejo, feo y malvado). Como a la madre de Helena tampoco le gustaba el tal Pasqualone, le pidió a Caravaggio que se casara con su hija pero le pidió un dinero. Al enterarse de esto Pasqualone, indignado, insultó a la madre de Helena y le dijo que estaba prostituyendo a su hija con un sucio y maldito pintor, insultos que el Caravaggio respondió con la paliza correspondiente. Pasqualone no molestó más, pero Helena apareció, días después, ahogada en el río.

Desesperado, y en una especie de furor amoroso, el Caravaggio usó el cuerpo de su amada Helena como modelo para el Tránsito de la Virgen, que vemos aqui arriba: la Virgen aparece entonces lívida y un poco hinchada. Como estamos sospechando, el cuadro generó un gran escándalo en la Iglesia, no tanto por haberse usado a una muerta como modelo de la Virgen, si no porque la Virgen, en el cuadro, muestra sus piernas desnudas casi hasta la mitad de la pantorrilla.

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